Viaje

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Posiblemente lo primero que se nos venga a la cabeza sea aquel lugar al que queremos ir con todas nuestras ganas, aquel por el que nos hemos pasado ahorrando durante tanto tiempo, por el que nos hemos pasado horas y horas planificando cada detalle para que todo salga perfecto. El avión (introduzca aquí cualquier medio de transporte), que vamos a coger, las horas que vamos a tardar en llegar.

Sin embargo, yo quiero hablar de otro tipo de viajes, aquellos de los que a simple vista no nos damos cuenta. Estos viajes se desarrollan en el tiempo, precisamente en el tiempo en el que planificamos cada segundo de nuestras vidas, como si tuviéramos el control de cada momento y cada instante. Estaría bien, pero la realidad no es así, al menos mi realidad. Nunca sabemos en qué momento nos va a suceder algo que no esperamos y que podría cambiarlo todo, o absolutamente nada, pero es algo que no podemos dominar. No hablo de caminos predestinados, ni de destinos insondables, pues si bien no tenemos el control de lo que nos sucede, si podemos tomar las decisiones que nos lleven a encontrar los momentos que no esperamos.

Así pues, este viaje que sucede en el tiempo son todas aquellas decisiones que tomamos a lo largo de nuestra vida. Puede parecer una tontería, pero hasta la más simple de nuestras decisiones tiene una repercusión, que puede ir desde una simple resaca por salir de fiesta, como conocer a alguien que te cambie la vida en esa misma noche. Cada vez me doy más cuenta de lo poco que sabemos y de lo mucho que creemos saber. Quizá sea por esa maldita costumbre del ser humano de querer entenderlo todo, de querer (como he dicho anteriormente) controlarlo todo. Esta costumbre que nos impide disfrutar de algo que se va con cada espera y con cada duda: el tiempo. Quizá nos iría mejor si actuáramos menos con la cabeza y más con el corazón.

No se trata de nada más de un viaje continuo del que tenemos total libertad para ser quien queramos ser, para tomar la decisión que queramos tomar, o no tomarla (que viene a ser lo mismo). No te pares y trates de entenderlo todo (tampoco nos pasemos), pues por mucho que nos pese la vida no está para entenderla, sino para disfrutarla. Y esto, no es más que otra decisión, otra ruta en el camino. Te puedes pasar la vida esperando o disfrutarla viviéndola.

Por supuesto, hay malas rachas, tanto como hay retrasos en los aeropuertos, o lluvias a pie de playa. Son fruto de unas decisiones que fueron malas o buenas, o bien de imprevistos, pero de los que aprendes y avanzas, o reniegas de ellas y te quedas en el camino.

Es un viaje en el que a veces lo que importa es lo que nos espera al final del camino, otras veces importa lo que había al principio, y en muchas otras lo que importa es lo que podemos encontrar en el propio camino en sí. En cualquier caso, siempre hay camino por recorrer para llegar a ese final, nunca será demasiado tarde para volver marcha atrás o siempre habrá una excusa para caminar un poco más.

Podría concluir diciendo, precisamente que lo que nos define es este viaje, las decisiones que tomamos. Como ya dijo J.K.Rowling, “ es la calidad de nuestras convicciones las que determina el éxito”.

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