Mensajes en botellas

DSCF6622__l

Tal vez éste sea como aquellos mensajes encerrados en botellas que se lanzan al mar, siempre con un poco de esperanza de que, en algún momento, en algún lugar, llegue a la persona en la que piensas cuando la botella vuela de tus manos a un sitio tan incontrolable y tan indomable como el mar, que da miedo cuando el cielo se vuelve oscuro, cuando el olor de la tormenta agita cada una de las partes de tu mente, cuando el viento sopla contra tu cara y el pelo se agita frenéticamente. Tal vez este mensaje sea el que cambie mi vida por completo, o el que acabe en el fondo del mar, como las llaves de la puerta que sigue abierta y que no hay manera de cerrar.

Todavía no nos conocemos, pero espero que puedas encontrarme allí donde la última luz de mi corazón brilla, donde mi cuerpo descansa en el frío de una noche larga y oscura. Allí donde mi alma llora sin derramar lágrima y donde el silencio reina. Allí donde mis alas golpean todos y cada uno de los barrotes de esta cárcel invisible, donde no hay carcelero ni demás presos, donde la única llave es de carne y hueso. Por favor, sálvame. Te juro que hubo una vez que brillaba junto al sol de un amanecer.”

El mensaje salió de mis manos como si hubiese estado agarrando una vara de hierro candente. Pasaron días, que se convirtieron en semanas, que a su vez en meses… hasta que perdí la cuenta del tiempo. Ya no esperaba nada y fue entonces cuando en la orilla de la playa apareció una botella. Mi botella. Corrí hacia ella, para ver si había alguna respuesta.

El sello estaba roto, pero no había respuesta alguna. Entonces lo entendí todo. Reí con todas mis fuerzas y, pronto, cada una de las lágrimas que no había derramado durante todo este letargo fueron resbalando por mis mejillas. Entendí que el encarcelado y carcelero era la misma persona. Me di cuenta de que no era la primera vez que lanzaba y recogía aquel mensaje, de que fui quien rompió el sello, solo que no era yo. Cogí de nuevo el papel y escribí las dos palabras que me había estado negando. Lancé la botella al mar y esta vez nunca volvió.

En algún momento, en algún lugar, alguien encontró esa botella. Sacó el mensaje y sonrío:

“Eres libre”

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s